La Fisioterapia tras un ictus puede ayudar a recuperar la marcha y actúa sobre diversas alteraciones

Día Mundial del Ictus 2026

Cerca del 50% de las personas afectadas por un ictus ven limitada su actividad diaria y la Fisioterapia puede mejorar su situación ayudándoles a volver a vivir recuperando movimiento.

Se estima que cerca de 120.000 personas tienen un ictus cada año en España, según datos del Ministerio de Sanidad.

Cerca del 50% de las personas afectadas por ictus sufren consecuencias que dificultan su calidad de vida y afectan a su actividad diaria, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), y se estima que, en un tercio de los casos, esas secuelas son graves. Entre las principales se encuentran: la pérdida de función motora (afecta al 50-85% de los pacientes), trastornos del habla, disfunciones cognitivas, espasticidad y debilidad muscular.

Abordaje inmediato

Tras sufrir un ictus, la inmediatez en el comienzo del tratamiento resulta esencial para la recuperación de estos pacientes con las mejores garantías, tal como señala la evidencia científica.

Por eso, con motivo del Día Mundial del Ictus (29 de octubre), el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM), destaca la necesidad de una intervención rápida de los equipos multidisciplinares en personas que han sufrido un accidente cerebrovascular (ACV).

“Y cuando hablamos de atención al ictus, no podemos quedarnos en la supervivencia. Debemos hablar de recuperación, funcionalidad y autonomía. La Fisioterapia desempeña ahí un papel esencial, para ayudar a las personas afectadas a recuperar la capacidad de moverse, participar y decidir sobre la propia vida”, señala la decana del CPFCM, Aurora Araújo.

Papel de la Fisioterapia

El cerebro puede reorganizar parcialmente sus conexiones y desarrollar estrategias para recuperar funciones tras una lesión. La Fisioterapia Neurológica aprovecha esta neuroplasticidad mediante intervenciones individualizadas. Su actuación puede comenzar durante la hospitalización, cuando la situación clínica lo permite, y continuar en los ámbitos ambulatorio, domiciliario y comunitario.

“La valoración clínica, la estabilidad del paciente y la dosificación del ejercicio son imprescindibles. La rehabilitación debe iniciarse en el momento adecuado, con la intensidad apropiada y bajo supervisión profesional; no se trata simplemente de hacer más, sino de hacer lo que cada persona necesita, cuando lo necesita”, continúa la decana del CPFCM.

Recuperar actividades significativas

La Fisioterapia tras un ictus puede ayudar a recuperar la marcha, y actúa sobre alteraciones de la fuerza, el equilibrio, la coordinación, el control postural, la movilidad y la resistencia al esfuerzo. También interviene en la prevención de complicaciones asociadas a la inmovilidad y en la recuperación de capacidades necesarias para desenvolverse en la vida cotidiana.

La intervención fisioterápica puede incluir ejercicios de fortalecimiento, reeducación del equilibrio, práctica de la marcha, entrenamiento aeróbico o utilización de tecnologías de rehabilitación cuando están indicadas, entre otras.

Continuidad asistencial

Además, la recuperación no termina cuando el paciente recibe el alta hospitalaria. De hecho, muchas personas necesitan continuar durante meses, y algunas pueden obtener mejoras funcionales incluso años después del episodio, dependiendo de diversos factores: gravedad y localización de la lesión, capacidades previas, complicaciones asociadas, entorno y acceso a una rehabilitación adecuada.

Por ello es imprescindible evitar que la transición entre hospital, atención primaria, rehabilitación ambulatoria y domicilio se convierta en una sucesión de interrupciones asistenciales.

“La continuidad debe construirse mediante objetivos compartidos, coordinación interdisciplinar, reevaluaciones periódicas y programas adaptados a las necesidades cambiantes de la persona”, continúa Aurora Araújo.

Evitar un segundo ictus

La Fisioterapia también participa en la prevención secundaria para evitar un nuevo ictus, ya que el ejercicio físico adaptado puede favorecer la capacidad cardiorrespiratoria, la fuerza muscular, la movilidad y el control de factores de riesgo cardiovascular.

Tras una valoración individualizada, los programas de ejercicio permiten combatir el sedentarismo y promover hábitos más activos y saludables.

Además, recuperar la confianza para moverse es fundamental. El miedo a caerse, la fatiga o la inseguridad pueden limitar la actividad, incluso cuando existen capacidades suficientes para realizarla y ayudar a superar estas barreras también forma parte de la intervención fisioterápica.

Por otro lado, la educación terapéutica, el asesoramiento sobre manejo y la participación de la familia en los objetivos de rehabilitación contribuyen a facilitar la recuperación y reducir dificultades en el domicilio.

“Invertir en fisioterapia debería contemplarse como una inversión en autonomía, participación social y calidad de vida. Su contribución potencial a reducir la dependencia también merece ser considerada en la planificación de recursos, por lo que necesitamos profesionales suficientes, tiempos asistenciales adecuados y modelos organizativos que sitúen la recuperación funcional entre las prioridades del sistema sanitario”, concluye la decana del CPFCM.