Paciente recuperándose de un ictus

El tratamiento fisioterápico temprano, esencial para la recuperación de los enfermos de ictus

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La Fisioterapia Neurológica combate los síntomas producidos por el ictus, como pérdida de movimiento o de sensibilidad, debilidad muscular y problemas en el sistema respiratorio.

La Fisioterapia Neurológica combate los síntomas producidos por el ictus, como pérdida de movimiento o de sensibilidad, debilidad muscular y problemas en el sistema respiratorio.

Con motivo del Día Mundial del Ictus, que se celebra hoy, el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM) recuerda la necesidad de una intervención rápida de los equipos multidisciplinares en personas que han sufrido un accidente cerebrovascular (ACV).

Existe evidencia científica de que, tras sufrir un ictus, la inmediatez en el comienzo del tratamiento va a ser esencial para la recuperación de estos pacientes con las mejores garantías”, indica Ana Herrero de Hoyos, presidenta de la Comisión de Neurología del CPFCM.

El ictus es una enfermedad que afecta a los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro. El 40% de las personas afectadas sufren consecuencias que dificultan su calidad de vida y afectan a su actividad diaria, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Los pacientes que sobreviven a un ictus suelen padecer secuelas físicas relacionadas con la movilidad, como la espasticidad, u otras relacionadas con la visión o el habla, así como trastornos del ánimo.

Es la segunda causa de mortalidad en España y la primera en mujeres. Cada año,130.000 personas sufren un ictus en España y 27.000 fallecen, según datos de la SEN. Debido a que la incidencia del ictus está relacionada con el progresivo envejecimiento de la población, se prevé que el número de defunciones relacionadas con esta enfermedad se incremente un 39% entre 2015 y 2035.

Minimizar el deterioro motor y funcional

Un ictus puede tener muchos grados: desde el paciente que entra por su propio pie en el hospital y siente que habla raro, hasta el que se encuentra en la UCI. La inmediatez en el comienzo del tratamiento es esencial para la recuperación de los pacientes en todos los casos. De este modo se reducen la tasa de dependencia, la necesidad de apoyo de familiares y cuidadores, el tiempo de recuperación y las ayudas técnicas.

Los programas de rehabilitación consisten en la aplicación de técnicas de terapia física, ocupacional y de logopedia, según el tipo y grado de discapacidad. Para ello se forman equipos multidisciplinares compuestos por neurólogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas y neuropsicólogos. El fisioterapeuta interviene cuando existe alteración motora.

La Fisioterapia Neurológica combate los síntomas producidos por el ictus, como la pérdida de movimiento (manos, brazos, piernas), espasmos, debilidad muscular, pérdida de sensibilidad, alteraciones de la marcha o afectación al sistema respiratorio. “Se utilizan numerosas técnicas diferentes, principalmente físicas, para minimizar las secuelas, mejorando el control motor y la actividad muscular, y la función respiratoria cuando es necesario”, señala Ana Herrero.

El tratamiento fisioterápico se centra en minimizar el deterioro motor y funcional, haciendo especial énfasis en la recuperación del movimiento perdido. En una primera etapa los objetivos se centran en:

  • Recuperar la fuerza y resistencia muscular
  • Evitar rigideces articulares
  • Controlar el dolor
  • Mejorar el control postural
  • Recuperar la movilidad de las extremidades afectadas
  • Reeducar el equilibrio y la marcha

Familia y entorno, fundamentales en la recuperación

La familia y el entorno social del paciente, como cuidadores y amigos, tienen una participación activa dentro del proceso de neurorehabilitación. “Pasan a formar parte de alguna manera del equipo multidisciplinar. Nuestro consejo es que se formen con esos equipos. El manejo de cada paciente y el abordaje va a ir en consonancia con el grado de afectación. Entre todos vamos a buscar la mejora de su calidad de vida y que se sientan plenamente integrados con las posibles secuelas, que puedan perdurar en el tiempo”, concluye Ana Herrero.

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